jueves, 7 de agosto de 2008

Reflexión de una noche

Ayer fue una noche de sensaciones. No desvalorizare las placenteras, por que seria una falsa convicción …
Eso si … hoy al despertar, mis pensamientos se quedaron con el gustito amargo del cóctel nocturno.
Y no fue solo la noche … fue la vida.
Cuestione desde mis sentimientos hasta mi existencia, y todo en un par de horas … intensas … y luego ingratas.
Habría quedado como un simple capricho pasajero sino se me hubiese ocurrido darle unas mil vueltas en mi cabecita.
Y es que ese vicio mió de pensar, repensar y requete pensar las cosas, me saca de quicio y muchas veces desmorona mi autocontrol … mi muralla de protección ante locuras de impensadas consecuencias.
¿Qué mas da una noche?
Una noche puede entregarte pasión … puede entregarte caricias … hasta puede entregarte palabras lindas que hace tiempo nadie te decía …
Pero, ¿acaso algo de eso vale al despertar?
¿Será real pensar que al hombre al que le “diste” esa noche, sin haber dejado de pensar en otro, valdrá mas que una ilusión de verano?
La realidad es increíblemente subjetiva, al limite de padecer un serio trastorno de bipolaridad.
No puedo engañarme con la ilusión de encontrar al amor en cada hombre que me mira o me dice algo bonito, pero tampoco puedo ponerme una venda y desconfiar ante un guiño de ojos.
¡Esta ahí!
¿Dónde?
Aún no lo se.
Por el momento agoto el tiempo divagando en sentimientos ajenos … no, míos … pero desconocidos, lejanos. Sentimientos que no tienen mas razón que un pasado aun presente.
Quiero sentirme amada, y en esa búsqueda a veces un poco loca y desenfrenada … la única en peligro soy yo.
¿Y es que quien no quiere sentirlo?
¿Quién no quiere amar ilimitadamente?
Amar de una forma idílica, de una forma completa … pasional.

Y mientras busco ese amor, voy probando …
Probando labios y almas que no dejan huella …
Probando pieles en contacto … y nada.
No me tocan … no me dejan.