Conocí a un hombre que se hace llamar niño …
Un niño capaz de amar sin limites pero con ciertos temores, como todo “casi” ser humano, pero con un nivel tal de inocente ignorancia, que me confunde la integridad de su madurez.
Es de esos pocos “hombres” que vale la pena amar sin sentir la desgarradora sensación de entregar mas de lo que recibes …
Es de eso que sin siquiera teniéndolos da pánico perder … por que valen su amor y peso en flores.
Sus arranques de palabras escritas o dichas son apenas el subterfugio de lo que realmente esta bajo su piel … una evasiva concreta, pero despedazable.
Y por mas locura que desee o cordura que deseche … seguirá siendo ese pequeño hombre que apenas se sostiene con el gran peso de su corazón …
Y por mas lagrimas que llenen sus ojos o desamores que arranquen trocitos de su corazón, el seguirá siendo el suburbio de sentimientos vagos, quizás sin dueña, pero no banales … que trascienden mas allá de una palabra … que trascienden al alma.
¿Y que le entrego yo para merecer su amistad?
¿Qué vaho o color en mi atrajo su cariño?
Hoy no me cuestionare tal punto …
Me conformo con sentir su cercanía …
Por que personas como el quedan solo unos cuantos … solo un puñado mas bien vacío … algo así como sentimientos rasgando el limite de la fugacidad, que si los pierdes de vista desaparecen … como mariposas prófugas escondiéndose del viento.
Me gustaría plasmar su esencia en un papel …
¿Y si escribo?
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